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Sant’Egidio, la diplomacia del humanismo que siembra paz ODS 16 ES

por | Feb 10, 2022 | África, Europa, Paz | 0 Comentarios

Sant’Egidio, la diplomacia del humanismo que siembra paz

 

Comunidad de Sant’Egidio (Madrid)

 

PAZ, tres letras que encierran más que un deseo lejano, un sueño o una utopía en un mundo herido por conflictos, donde crece la crispación, la polarización y el rechazo al diferente, especialmente si es pobre.

 

En la Comunidad de Sant’Egidio, una asociación católica de laicos hija del Concilio Vaticano II presente en más de 70 países, creemos que la paz es un derecho y un bien de toda la humanidad que debe preservarse y construirse como una responsabilidad compartida a todos los niveles.

 

La paz es algo demasiado importante como para dejarla únicamente en manos de políticos, diplomáticos o militares.  No basta con simplemente decir “NO A LA GUERRA”, también hay que construir y preservar la paz.

 

Hemos visto cómo nuestro trabajo por la paz ha dado frutos concretos en muchos países, pero también estamos viendo que la paz no está garantizada, como se observa con el resurgimiento de la violencia en el norte de Mozambique. Hay que proteger, preservar y construir la paz. 

 

A más de dos décadas de los atentados del 11-S, vemos también cómo la guerra sigue siendo la respuesta internacional al terrorismo y a los conflictos y cómo una lógica belicista se instala en el interior de los países, aupada por una retórica nacionalista, populista, racista y muchas veces violenta.  

 

En pleno siglo XXI vemos más cerca el riesgo de guerra con la creciente tensión entre Occidente y Rusia a causa de Ucrania, que acerca el conflicto al continente europeo. Con este riesgo, persisten tantos conflictos que ya no aparecen en los titulares, pero que golpean a los países más pobres del mundo.

 

La guerra, madre de todas las pobrezas


Nuestra experiencia de más de cinco décadas de trabajo con los más pobres nos permite afirmar que “la guerra es la madre de todas las pobrezas” y destruye el futuro porque siempre deja al mundo peor de lo que estaba: países divididos, infraestructuras destruidas, generaciones perdidas. Conflicto y pobreza están íntimamente ligados y se retroalimentan.

 

Sin paz, ningún objetivo de la Agenda 2030 de desarrollo sostenible puede ser cumplido.

 

Así como el futuro se ve comprometido por el conflicto, sembrar semillas de paz  restaura también la esperanza de un futuro mejor. Por tanto, el trabajo de la Comunidad por la paz nace precisamente de estar cerca del dolor de la guerra y de un conocimiento cercano de los países en los que trabajamos.

 

Este conocimiento y una red de amistad con actores locales fue clave para emprender nuestra primera mediación de paz a finales de los años 80 en Mozambique, un país africano golpeado por años de guerra civil entre dos guerrillas enfrentadas en la lógica de la guerra fría, con una factura de más de un millón de muertos.

 

La paz en Mozambique

La de Mozambique parecía una paz imposible, pero se logró el 4 de octubre de 1992 después de una mediación de 27 meses, con un método inspirado en las enseñanzas de Juan XXIII: “buscar lo que une dejando a un lado lo que divide”. 

 

El llamado “método Sant’Egidio” se basa en construir relaciones de confianza con y entre las partes enfrentadas mediante la amistad, el diálogo y la flexibilidad, la comprensión de sus razones y sentimientos para llegar a una genuina voluntad de acuerdos.  

 

Se trata de una paz que se negocia, no se impone, donde los verdaderos protagonistas no son los mediadores sino las partes en conflicto, una paz que se impulsa por la “fuerza débil” de quien no tiene ningún interés oculto en la mediación.

 

A diferencia de la Comunidad Internacional, Sant’Egidio no tiene capacidad de imponer sanciones, incentivos financieros, bloqueos económicos o ultimátums. Es una fuerza débil, que genera confianza porque solo busca la paz.

 

No se trata de una técnica diplomática, sino de un trabajo de “humanización” de los actores en conflicto, un proceso de transformación que facilita el paso de una mentalidad de guerrilla a la mentalidad de la política que acepta la pluralidad de ideas.

 

La ONU del Trastevere

 

https://www.rtve.es/play/videos/pueblo-de-dios/pueblo-dios-santegidio-puente-paz-madrid/5424018/


Apodada, “la ONU del Trastevere”, en la Comunidad de Sant’Egidio hemos visto cómo la paz es una fuerza convincente, razonable y emocionalmente seductora, y por tanto, es posible en todas partes.

 

A partir del éxito de la mediación en Mozambique, la Comunidad de Sant’Egidio recibió y sigue recibiendo muchas peticiones de mediación, precisamente por las relaciones de amistad, cercanía y fidelidad allí donde la Comunidad está presente.

 

Algunos resultados son la firma en 1995 de la Plataforma de Roma por todos los partidos de la oposición de Argelia, así como la negociación para el alto el fuego en Burundi, junto a Nelson Mandela. 

 

En República Democrática del Congo participamos en el acuerdo de retorno de los hutus ruandeses responsables del genocidio, y en parte de los acuerdos de paz en países como Togo, Liberia, Uganda, Darfur, Nepal, entre otros.

 

En América Latina, Sant’Egidio también intervino en el conflicto entre guerrilla y Gobierno de Guatemala, lográndose la implementación de los acuerdos de paz en 1996.  También Sant’Egidio se implicó en acciones de facilitación y encuentro para hacer realidad en 2016 el Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las FARC en Colombia.

 

Más recientemente, en febrero de 2019 y después de años de negociaciones con la participación de la Comunidad, se firmó el acuerdo de paz y reconciliación en la República Centroafricana.  

También se logró en 2020 un alto el fuego entre todas las facciones políticas de Sudán del Sur, conocido como la Declaración de Roma, el cual se está llevando a cabo a través de un profundo diálogo político, no exento de dificultades. 

Diálogo interreligioso

A pesar de que a menudo se instrumentalizan para la guerra, las religiones comparten una espiritualidad y una gran fuerza de paz. 

El diálogo ecuménico e interreligioso que es uno de los signos distintivos de Sant’Egidio, ha propiciado y ayudado a germinar muchas de las iniciativas de paz en las que hemos participado.

A lo largo de tres décadas, a partir del Encuentro Interreligioso de Asís, convocado por Juan Pablo II en 1986 en plena Guerra Fría para rezar juntos por la paz, la Comunidad de Sant’Egidio ha mantenido un itinerario de diálogo y amistad con diferentes confesiones religiosas, que se visibilizan en peregrinaciones anuales en distintas ciudades del mundo, con representantes de las principales religiones y del mundo de la política y la academia. 

A lo largo de estos 35 años, se ha tejido una profunda red de amistad entre representantes de diferentes religiones y culturas en más de 60 países, que han tendido puentes de paz que se han convertido en frutos de paz, allí donde parecía que no había salida.

 

La paz es el futuro, o no habrá futuro

En Sant’Egidio estamos convencidos de que la única forma para preservar el futuro de la humanidad es a través de la paz, el desarme personal, retejer una humanidad fracturada por la división y la deshumanización, y atender las causas profundas de los conflictos: la desigualdad, la pobreza, el abuso de los recursos naturales y una lógica de contraposición.

La paz no es un sueño vacío o una utopía lejana, sino algo de lo que depende nuestra propia supervivencia. Hemos vivido a lo largo de estos años que la paz también se puede construir “de abajo hacia arriba”, desde los barrios, las comunidades, al interior de los países y fomentando una cultura del diálogo entre quienes son diferentes o tienen otras confesiones religiosas.  

 

Por eso decíamos que la paz es un camino de todos los días, que no solo se construye en los grandes despachos, sino sembrando semillas de paz en las comunidades, los barrios, en los niños y jóvenes.  Como decía San Juan Pablo II “la paz es un trabajo abierto a todos, y no solamente a los especialistas, sabios y estrategas”. 

 

Por eso, la Comunidad impulsa movimientos como los Jóvenes por la Paz, que son, entre otros servicios, los responsables de las Escuelas de la Paz, donde se ofrece apoyo escolar a niños de los barrios, pero sobre todo, se les enseña el arte de convivir. Jóvenes que reflexionan sobre la realidad del mundo y de su país, a la luz del Evangelio, reaprenden la convivencia, la escucha y la mirada del otro no como un enemigo, sino como un hermano.


Estamos convencidos de que la vida cotidiana de los creyentes, la oración y la vivencia concreta del Evangelio hacen nacer energías de paz, puentes de diálogo y convivencia, dándonos nuevas herramientas para leer y afrontar la realidad.

 

Comunidad de Sant’Egidio (Madrid)

 

 


 

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