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Mi experiencia como capellán de la prisión de Nagoya, ODS 10, 16

por | Jul 9, 2022 | Asia, Paz, People | 0 Comentarios

Mi experiencia como capellán de la prisión de Nagoya

Marcel.lí Fonts cmf.

Capellán de la prisión de Nagoya

Párroco de la Catedral de Nagoya

Empecé este trabajo por encargo del obispo de la diocesis de Nagoya hace unos 4 años.

En las cárceles de Japón se atiende a las necesidades religiosas de los prisioneros por medio de la Institución de Asistentes Religiosos a los Prisioneros;  en esta asistencia participan representantes de las diversas religiones reconocidas oficialmente por el Gobierno Japonés. Los capellanes son representantes de las diversas denominaciones budistas, shintoistas y  cristianas. 

En la cárcel de Nagoya ejercen este ministerio diversos pastores protestantes. Yo soy el único sacerdote católico. Los reclusos que lo desean, pues la participación es voluntaria,  pueden atender a las charlas que doy una vez al mes sobre algún tema relacionado con la religión católica. Yo puedo elegir libremente el tema del que voy a hablar.

En Japón hay bastentes inmigrantes latinoamericanos. Un buen número de los que atienden a las charlas que doy proceden de esos países. Con todo, las charlas tienen que ser en japonés. Siempre hay un funcionario de la cárcel que está presente en todas las actividades que hago.

El promedio de los asistentes a estas charlas es de 10 a 20 reclusos. A aquellos que lo deseen se les da también la posibilidad de tener una entrevista personal de unos 30 minutos. Esta entrevista hay que hacerla también en japonés y siempre hay un funcionario presente. Por tanto carece de la privacidad necesaria para poder tratar a fondo los problemas de los entrevistados. La relación con los prisioneros es muy limitada. El feedback que se puede obtener de los reclusos es casi nulo.

Po lo que conozco, el reglamento de las cárceles japonesas es muy estricto. Prácticamente no tienen tiempo libre. Siempre mantinen a los reclusos ocupados. Con ello previenen los conflictos que puedan surgir. Pero no sabría decir en qué medida este tratamiento es educativo y ayuda a la reinserción en la sociedad. A veces me toca dar alguna de las charlas de reinserción a la sociedad poco antes de salir de la cárcel, a las que deben asistir por grupos todos los prisioneros.

Para los prisioneros,  no tiene que ser nada fácil su reinserción en la sociedad. La sociedad japonesa es un sociedad que no perdona a los que hay cometido un crimen o un error grave. Esto queda escrito en el currículum vitae de la persona y es muy difícil borrarlo. La razón principal de ello es que la sociedad japonesa valora por encima de todo el hecho de que una persona sea de fiar. El que pierde esta fiabilidad dificilmente la recupera.

Por eso en la vida de un recluso hay un antes y un después de haber estado en la cárcel. La manera cómo la sociedad lo mirará y tratará será distinta por el sólo hecho de haber estado en la cárcel.

Como digo me resulta difícil saber qué es lo que más les preocupa a cada uno de los reclusos y en qué medida las charlas que doy les ayudan personalment. Procuro, con mis charlas, darles una visión esperanzadora de la vida y que la experiencia que están viviendo en la prisión les ayude a crecer como personas. El hecho de que sea sólo una charla al més hace difícil la continuidad en la formación que se les puede dar. Durante estos últimos dos años, debido a la pandemia del coronavirus se suspendieron también algunas charlas. Ha habido temporadas en que los prisioneros han estado aislados de todo contacto con el exterior.

Lo que más me cuesta en mi ministerio carcelario es la falta de contacto personal con los reclusos y no poder conocer mejor su situación personal y así poder responder mejor a sus preocupaciones y dificultades.

Los que atienden a las charlas no siempre son los mismos. Me consta que no siempre pueden asistir todos  aquellos que lo desean. En unos pocos casos alguno de ellos me ha venido a visitar después de salir de la cárcel.

Por lo que he podido saber, en el caso de los extranjeros, el motivo de ingresar en la cárcel se debe en gran parte al tráfico o consumo de drogas o por haber atropellado alguna persona conduciendo con exceso de alcohol. En Japón las normas sobre el alcohol en relación a la conducción de vehículos es muy rigorosa y estricta. El problema añadido que tienen los extranjeros que han estado en la cárcel es que al salir les suprimen el visado y les obligan a regresar a sus países de origen.

A pesar de las limitaciones que he indicado creo que el trabajo como capellán de una prisión es un apostolado muy misionero; está en sintonía con la llamada que hacen actualmente el Papa y la Congregación de ir a evangelizar a las periferias. Los reclusos son personas realmente marginadas de la sociedad y que necesitan reencontrar un sentido a su vida.

El hecho de haber sido nombrado capellán de la prisión de Nagoya para mi es un reto, pero también es algo que me ayuda a sentirme misionero claretiano en Japón.

Marcel.lí Fonts cmf.

Nagoya, 6 de Julio de 2022

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