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¿Es la ONU una víctima de la guerra en Ucrania? ODS 17 ES

por | Mar 18, 2022 | 2030 Agenda, Partners, Paz | 0 Comentarios

¿Es la ONU una víctima de la guerra en Ucrania?

Miguel Ángel Velasco cmf

UNITAR. MA. Development Studies & Diplomacy

Llevamos más de tres semanas desde que Vladimir Putin decidió invadir Ucrania, por razones que escapan a la racionalidad y que, desde luego, escapaban a todos los grandes analistas internacionales. Nadie se esperaba que las continuas amenazas y malos modos de Vladimir Putin y de Serguei Lavrov, su ministro de asuntos exteriores, terminasen en una invasión. Quizá Vladimir Putin pensase que las cosas iban a suceder como sucedieron con Crimea, pero no ha sido así. La reacción internacional ha sido enormemente negativa; incluso en el caso de muchos de sus posibles aliados. No pensaba Vladimir que el pueblo ucraniano fuese a responder con la contundencia que lo está haciendo; parece que no tomó en cuenta la capacidad de recordar que tienen los pueblos, en este caso los abuelos y abuelas ucranianas recuerdan y relatan, lo que en tiempos no muy lejanos fue les causó un presidente de la URSS llamado Lenin.

En tiempos convulsos

Podemos caer en el error de pensar que lo que sucede en Ucrania, en el este de Europa, es un conflicto local, circunscrito a las relaciones entre Rusia y Ucrania; incluso estaríamos también equivocados si incluyésemos a la OTAN y a la Unión Europea. El paso dado por Vladimir Putin ha puesto en cuestión muchas otras cosas. En el caso de Europa, ha terminado con muchos sueños: el sueño alemán de incluir a Rusia en el círculo cercano a una Unión Europea que piensa en el continente Euro-asiático; el sueño de tener a Rusia como aliado estratégico, suministrador de materias primas; el sueño europeo del poder basado en el “soft-power europeo” comercial, con el que se pretendía controlar todo intento de guerra.

Si el COVID-19 había debilitado y puesto en cuestión el sistema internacional del comercio basado en las cadenas de producción multi-país, la invasión de Ucrania ha lo cuestionado aún más. Parece que, lo más seguro, es la producción circunscrita a una zona determinada. Me refiero, muy especialmente, a las cadenas de producción que requieren la compra de energía y de materias primas básicas.

Pero aún hay más: ¿qué es lo que ha sucedido con los tratados de no proliferación de armas nucleares? Hasta este momento había una decisión casi universal de reducir al mínimo la producción de armas nucleares; de esta manera resultaban circunscritos los problemas a dos países: Corea del Norte e Irán. El problema es que, finalmente, tengamos que decir que Kim Jong-un, presidente de Corea del Norte, tenía razón con su empecinamiento en tener armas nucleares. Rusia, una potencia económica con el PIB semejante al de Italia, ha sido capaz de poner en jaque al mundo entero, simplemente por su capacidad nuclear; es una prueba de que, parece ser, sólo el poder disuasorio de las armas nucleares permite tener fuerza de coacción en la escena internacional. ¿Quién va a convencer-forzar a Corea del Norte o Irán de que no sigan con sus programas nucleares? Lo más increíble es que Ucrania era, en el momento de la desaparición de la URSS, el tercer país del mundo con más armas nucleares; Estados Unidos, Rusia y Ucrania llegaron a un acuerdo, según el cual, Ucrania trasladaba a suelo ruso todas las armas nucleares a cambio de asegurar la inviolabilidad de sus fronteras. ¿Se hubiese atrevido Rusia a invadir Ucrania si hubiera sido un país con las armas atómicas que tuvo en su momento?

La invasión de Ucrania por Vladimir Putin ha sido una catástrofe en todos los sentidos, lo primero por los muertos, heridos y personas sin techo y comida que ha provocado. Más de tres millones de refugiados distribuidos por los países de Europa; soldados rusos de diecinueve años enviados de vuelta a sus familias en ataúdes de zinc como en tiempos de la guerra de Chechenia. Es una catástrofe humanitaria sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. La invasión de Ucrania termina una era de relativo optimismo internacional que comenzó en 1990, con la descomposición de la URSS y el fin de la Guerra Fría. Entonces, en 1990, comenzó una nueva época que contó con el sobresalto del ataque a las Torres Gemelas y que ha terminado, definitivamente, en 2022 con la guerra provocada por Vladimir Putin. ¿Tendremos que hablar, a partir de ahora, de un bloque China-Rusia y otro occidental en torno a Estados Unidos-Unión Europea? Ahora todo es incertidumbre; esperemos que Estados Unidos, la Unión Europea y China estén a la altura; sabemos que no se puede contar con la Rusia de Putin.

El papel de la ONU

Ante, todo esto, ¿qué es lo que ha hecho la ONU? Se supone que su fin fundamental es el de evitar una guerra como lo fueron la Primera y Segunda Guerras Mundiales y casi hemos estado a punto de comenzar la Tercera Guerra Mundial. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no ha podido hacer nada, ya que uno de sus miembros permanentes es Rusia; el veto de este país ha impedido cualquier tipo de declaración condenatoria. No es nada nuevo que el Consejo de Seguridad esté bloqueado cuando se tratan temas especialmente sensibles para uno de los cinco miembros permanentes (“5P”). Esta situación de bloqueo lleva ocurriendo casi desde la fundación de la ONU en 1945. Lo que sí ha hecho la Asamblea General de la ONU ha sido aprobar una declaración condenatoria de la invasión de Ucrania; la misma condena ha mostrado el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra; el Secretario General, Antonio Guterres, se ha pronunciado repetidamente en contra; la Corte Internacional de Justicia ha ordenado a Rusia la paralización de la invasión; el fiscal de la Corte Penal Internacional ha iniciado el procedimiento para investigar posibles crímenes de guerra en Ucrania. La soledad internacional de la Rusia de Putin es casi total.

Para algunos, que la ONU no haya hecho más, es una demostración más de es una organización muerta. Trataré de responder a esta objeción. El propósito de las Naciones Unidas (el sistema de Naciones Unidas) no es ser el gran poder mundial que lo centralice y lo decida todo; mucho menos es su finalidad tener un ejército de intervención. La Carta de Naciones Unidas, legitima una intervención militar siempre que sea aprobada por el Consejo de Seguridad. Por supuesto que esto no hubiese podido acontecer con Rusia en el Consejo, pero, a decir verdad, una resolución del Consejo de Seguridad habría servido para legitimar la intervención de un tercer país o bloque de países. ¿No es aún más legitimador que la Asamblea General haya condenado la intervención de Rusia, de manera abrumadora? Los resultados de la votación de la Asamblea General sobre la declaración de condena fueron: 141 a favor de la condena, 5 en contra (Bielorrusia, Corea del Norte, Eritrea, Rusia y Siria) y 35 abstenciones. Una intervención armada hubiese estado más que legitimada internacionalmente hablando con la resolución de la Asamblea; pero ¿qué se hubiese obtenido como resultado? Quizá estaríamos ahora en la Tercera Guerra mundial.

El poder legitimador o deslegitimador de Naciones Unidas sigue siendo enorme. Ciertamente hay muchas cosas que cambiar en el funcionamiento de la ONU, pero no hay una organización que, hoy por hoy, pueda sustituirla. La ONU no es sólo el Consejo de Seguridad o las Asamblea General es, sobre todo, el entramado de muchas organizaciones internacionales que componen el Sistema de Naciones Unidas; es el Consejo Económico y Social; el Secretario General y los miles de ONG y Organizaciones Basadas en la Fe que forman parte de la llamada “Tercera ONU”. Se ha desacreditado a la ONU por su afán multilateralista; no he comprendido nunca esta crítica. La ONU no busca ser un gobierno ni un parlamento mundial. La ONU busca ser una organización donde el diálogo constructivo, entre lo diverso, sea posible y donde construir, entre todos, un mundo mejor que pueda evitar la guerra. Miles de trabajadores y soldados de diversos países (cascos azules), están trabajando por mantener, construir o reedificar la paz en todo el mundo, bajo la bandera azul de la ONU.

 

Mirando al futuro

No está claro cómo va se va a conformar el orden internacional en las próximas décadas, pero la solución a los problemas de la humanidad no vendrá a través de las armas o de la imposición de unos países sobre otros. No podemos ser ingenuos y pensar, como hasta hace poco podía pensar Europa, que no era necesario el poder disuasorio del ejército. Desgraciadamente la realizad es tozuda y se destinarán fondos a armas, cuando se tenían que dedicar al Desarrollo Sostenible, a la salud y al Calentamiento Global. Pero no podemos conformarnos con esa situación. Organizaciones como la ONU, eso sí, renovada y potenciada, son hoy, más necesarias que nunca. No podemos despojarnos de los pocos lugares de encuentro y legitimación legal y moral que tiene la humanidad.

Las Organizaciones Basadas en la Fe y las religiones, hemos de afianzar nuestra presencia en los foros internacionales. Nuestros principios no son las armas o la guerra; están basados en el diálogo, el respeto al ser humano y el acercamiento mutuo; es decir, en el multilateralismo bien entendido. Es el camino de solución para nuestro mundo, aunque ahora todo lo veamos nebuloso. Hemos de ayudar a construir este mundo internacional nuevo ¿o sólo se puede hablar de compromiso político de los cristianos cuando se habla de política local o nacional? Tenemos, en la construcción de la Unión Europea, los ejemplos de Robert Schuman, Alcide de Gasperi, Konrad Adenauer o Jean Monnet.

Miguel Ángel Velasco cmf

UNITAR. MA. Development Studies & Diplomacy

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