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Educar para la Ciudadanía Global hoy. Claret Larraona. España. (I) ODS 4 ES

por | Dic 29, 2021 | Europa, Gente | 0 Comentarios

Educar para la Ciudadanía Global hoy. Claret Larraona

 

Aurora Banegas Collado, 

Directora Pedagógica de Secundaria y Bachillerato de Claret Larraona

 

Hace poco, leía en Intermón Oxfan ediciones algunos fragmentos del libro Escuela y Educación para la ciudadanía global de Desiderio de Paz y Abril. La introducción se inicia con una cita de Bauman: ‘en este planeta, todos dependemos el uno del otro, y nada de lo que hagamos o dejemos de hacer es ajeno al destino de los demás. Desde el punto de vista ético, eso nos hace a todos responsables por cada uno de nosotros ‘[..]

  

Estas palabras me remiten a los enunciados que definen el perfil de salida de nuestros estudiantes; perfil que, a su vez, se enraíza en los principios del ideario de los Colegios Claretianos y en principios pedagógicos como ‘la concepción de la educación como una fuerza transformadora’ (Freire); el aprendizaje como servicio social (Dewey y James) y la necesaria implicación de los agentes sociales en la escuela (Comunidades de Aprendizaje)

 

            En nuestra oferta educativa explicitamos que nuestro objetivo es formar personas que, desde los valores del Evangelio, se conozcan, valoren y mejoren a sí mismos, sean conscientes de su dignidad humana; competentes en los saberes necesarios para vivir en una sociedad global y cambiante; respetuosas con la naturaleza y defensores del medio ambiente. 

 

Si a este punto de partida, ya empeñativo de por sí, añadimos dos premisas más que aparecen con fuerza en el panorama educativo actual aunque llevan ya en vigencia alguna década: 

 

1.              La necesidad social de conseguir una ciudadanía más participativa y democrática que trabaje por una sociedad más justa. (Meta 4.7 de los ODS) 

 

Según Robinson, “Nunca antes ha habido tantas personas jóvenes y nunca jamás habrá tanto potencial para progreso económico y social. La forma en que enfrentemos estas necesidades y aspiraciones de las personas jóvenes, definirá el futuro del planeta. La educación es crítica. Las habilidades y conocimiento que los jóvenes adquieren, deberán ser relevantes para el contexto económico y deben posibilitarlos a convertirse en innovadores, pensadores y solucionadores de problemas”

 

Y, a pesar de esta premisa, hay estudios que indican una escasa involucración de los jóvenes y que las causas principales serían: 

 

                Desconocimiento de los centros educativos de la agenda 2030

                No existe un currículo de enseñanza en este tema

                Falta de cursos y/o clases relacionados con desarrollo sostenible en los centros educativos para jóvenes

                Los profesores carecen de entrenamiento y conocimiento en el tema

                Existe un bajo nivel de relaciones entre ONGs e instituciones educativas


2.               Los presupuestos de la nueva ley de educación española (LOMLOE).  En el preámbulo se enuncia, como uno de sus cinco enfoques clave para adaptar la educación a los tiempos actuales, lo siguiente: “En cuarto lugar, reconoce la importancia de atender al desarrollo sostenible de acuerdo con lo establecido en la Agenda 2030. Así, la educación para el desarrollo sostenible y la ciudadanía mundial ha de incardinarse en los planes y programas educativos de la totalidad de la enseñanza obligatoria

 

Está claro que nuestra opción educativa no puede centrarse en un currículo puramente teórico fundamentado en la transmisión, sin más, de una serie de contenidos descontextualizados y escasamente significativos para los estudiantes. Es decir, si ofertamos una educación integral, esta no puede incluir solo aprender bien un idioma, un contenido científico o social, manejarse con las tecnologías, etc… sino también una educación orientada a valores fundamentales como el humanismo, la justicia, el respeto a la diversidad, la educación para la paz y el desarrollo sostenible. 

 

Ahora bien, generalmente, en educación los planteamientos teóricos son bien asumidos y aceptados por todos; el problema realmente surge cuándo se intentan llevar a la práctica. Y ahí surgen las preguntas: ¿cómo debemos plantearnos la educación para la Ciudadanía Global? ¿qué debemos tener en cuenta?

 

La primera premisa es que este contenido es competencial, globalizante y debe impregnar el currículo, no es otra asignatura más. Ello implica una revisión de las programaciones, usar una metodología innovadora que de protagonismo al alumnado y en la que se ven implicados diferentes agentes: equipos directivos, docentes, alumnos,  familia, ONGs, sociedad, etc. 

 

La segunda premisa es que para educar en la Ciudadanía Global es fundamental trabajar con el alumnado  la capacidad de mirar, de examinar críticamente la realidad que lo circunda y circunda a los demás, reconocer los problemas, los intereses, las necesidades y las características del grupo así como sus limitaciones y posibilidades. El conocimiento debe ser utilizable y servirles para entender su mundo local que se encuentra indiscutiblemente ligado al mundo global.  Trabajar esa capacidad implica ofrecerles oportunidades para plantearse interrogantes e imaginar respuestas.

La tercera premisa es que toda experiencia de aprendizaje debe partir de los conocimientos que los participantes poseen si deseamos que valoren, se interesen y aprendan lo nuevo que se les ofrece. Partir de las expectativas y necesidades que traen al aula es fundamental, porque si no se responde a sus inquietudes y preguntas, sentirán que no se les toma en cuenta, provocándoles de esta manera desinterés y desmotivación. Supone abordar los contenidos incorporando las experiencias y conocimientos previos del alumnado.

 

Se trata de ofrecer un curículum menos compartimentado y más integrado que tenga más sentido para el alumnado, que tenga que ver con su día a día y que la escuela no esté desligada de la realidad.


Y, finalmente, la cuarta premisa es que la educación para la ciudadanía global ha de tener también una traducción en la acción. Fundamentada en esa mirada crítica, en el conocimiento adquirido y en la motivación, es  una experiencia que enriquece la vida de los alumnos, que les conecta con otras realidades diferentes a la propia, que les ayuda a comprender el mundo y a sentir que algo se puede hacer para mejorarlo.  En esta misma dirección se sitúa la perspectiva del Aprendizaje-servicio que se está abriendo camino en muchos proyectos educativos.


¿De qué manera podemos ponerlo en práctica?

 

En el mundo educativo se va abriendo paso la idea de que para formar en valores, actitudes y compromisos, los currículos divididos en los compartimentos estancos de las diferentes asignaturas son poco eficaces. Lo son, sin embargo, más aquellos que apuestan por planteamientos interdisciplinares, donde trabajen conjuntamente diferentes áreas. Como ya decían Dewey y Freire, entre otros autores, “la forma de enseñar en todas las áreas debe ser coherente con los principios y valores que se pretenden desarrollar”.

 

Para enseñar a ser solidarios, críticos, respetuosos, tolerantes, participativos, … el profesorado tiene que hacer una reflexión exhaustiva sobre su práctica docente y diseñar, como equipo y desde esos mismos valores que quiere promover, metodologías en las que el alumnado pueda reflexionar y abordar tanto sus propios problemas como los problemas globales a partir de un mayor conocimiento de sí mismo y del mundo (informe Delors, 1996)

 

En ese sentido, en nuestro colegio se han ido poniendo en práctica una serie de proyectos que buscan esas metas y que creemos son válidos para cualquier otro contexto o institución educativa.

Aurora Banegas Collado, 

Directora Pedagógica de Secundaria y Bachillerato de Claret Larraona

 

 

 

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