No es hora de imperialismos: UN75. ES




UN75: No es hora de imperialismos

Miguel Ángel Velasco  cmf
cmfUNmember

Este año 2020 celebramos los 75 años de la creación de la Organización de las Naciones Unidas. En ella vemos muchas oportunidades para trabajar por un mundo mejor, pero también echamos en falta una mayor incidencia real en la vida real de los países y las personas. ¿Es posible hacer algo para mejorar la ONU o, con 75 años, sería mejor que pidieran el relevo como se les pide a los obispos?

El Pacto de la Sociedad de Naciones (Conferencia de París el 24 de abril de 1919) fue firmado por 45 países. Fue impulsado por el presidente Wilson de los EEUU, aunque este país nunca formó parte del Pacto debido a la negativa del Senado a involucrarse en cuestiones europeas. Tampoco formaron parte la URSS, en situación revolucionaria, ni Alemania, país derrotado; los dos entrarían a formar parte del Pacto en 1926 y 1934, respectivamente. Turquía tampoco entró en el mismo, por ser también país derrotado. La finalidad fundamental, tras la I Guerra Mundial (1917), era evitar la entrada en un nuevo conflicto y reorganizar las posesiones de los imperios derrotados. Antes del comienzo de la II Guerra Mundial se consiguieron algunos acuerdos, pero está claro que no logró sus objetivos, ni lejanamente.

El mundo estaba tratando de abandonar una estructura del pasado: los imperios. Desde el 3.150 AC, fecha aproximada de la creación del Imperio Egipcio, la forma de dominio imperial había sido la habitual para organizar de las naciones del mundo. Los imperios se han sucedido desde que Egipto los inventara: Persa, Asirio, Griego, Romano, Bizantino, Sacro Imperio, Turco, Inca, Azteca, Maya, Yoruba, Hausa, Benín, Gao, Español, Inglés, Mongol, Alemán, Austríaco, Holandés, Francés, Japonés, Chino, Ruso, etc,; muchos miles de años. Las dos guerras mundiales y las revoluciones internas hicieron comprender, muy dolorosamente, que ese no era el camino correcto; la forma imperial de gobernar el mundo llevaba, ineludiblemente, a la confrontación y a la guerra. Era necesario crear un marco internacional global de diálogo y gobernanza, para las relaciones entre los países. Para comenzar, después del colapso de los imperios europeos: conceder la independencia a los países dominados por los diferentes “imperios caídos”; delimitar fronteras inviolables de todos los países y dotar de unas “reglas de juego” a un nuevo orden internacional. Bajo los auspicios, e intereses, de los EEUU se crearon instituciones para dos ámbitos: relaciones políticas (ONU,1945) y relaciones económicas (Breton Woods,1944). Las instituciones económicas son hoy: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio.  

La ONU comienza su andadura en la Conferencia de San Francisco (EEUU) celebrada en 1945, entre el 28 de junio y el 15 de octubre. Fue convocada por Reino Unido, Estados Unidos, China y la Unión Soviética. A ella asistieron 850 delegados de 46 naciones; en total 3.500 asistentes más 2500 periodistas. La Carta de las Naciones Unidas, recoge los principios y estructura de esta organización, creada después de la II Guerra Mundial, con un objetivo fundamental: ser un ámbito para dialogar y resolver las divergencias entre países, con el fin de no llegar nunca más al horror de las dos guerras mundiales. Se crean los siguientes órganos: Asamblea General, Consejo de Seguridad, Secretaría General, Consejo Económico y Social, Corte Internacional, Consejo de Administración Fiduciaria (proceso de descolonización).

El tiempo de los imperios europeos había terminado. La creación de la ONU vislumbraba un camino nuevo de inicial multilateralismo, pero, casi desde el principio, la pretensión de ser el Imperio del mundo, empañó los deseos de un mundo con “reglas de juego” distintas. Estados Unidos y la URSS comenzaron una lucha por la hegemonía imperial y el mundo se dividió en tres bloques: uno en torno a Los EEUU, otro en torno a La URSS y el tercero el de los países “no alineados”, en gran parte coincidentes con el llamado Tercer Mundo. Tras la Caída del Muro de Berlín (1989) y la desintegración de la URSS nos encontramos con un solo árbitro: EEUU. La realidad es tozuda y, desde hace unos años, le ha surgido un competidor a la hegemonía de los EEUU; ese competidor es China. ¿Nos encontramos, otra vez, con la posibilidad de un enfrentamiento de tipo “imperial”, ahora entre China y Los EEUU? Creo que sí, que este puede ser el problema. 

Existe en la actualidad un debate entre los expertos en relaciones internacionales: ¿hemos de ir hacia el multilateralismo, o es más deseable la existencia de un solo poder hegemónico o, quizá, dos que se compensen? Ciertamente, la existencia de una Gobernanza global de la que formen todos los países del mundo, sería algo totalmente nuevo en la historia de la humanidad; pero, ¿no es ese el deseo detrás de la creación de las Naciones Unidas?  Más aún, ¿no es esa la clave de la evolución que esta institución ha tenido a lo largo de los 75 años de su existencia? Como dijo Durao Barroso, Presidente de la Comisión Europea (2004-2014): “Si no existieras la ONU, tendríamos que inventarla”. Es claro que habremos de pasar por distintas fases si queremos transformar la ONU de hoy en la ONU que necesita el mundo; esto no se realizará de un día para otro. Pero también hemos de tomar muy en cuenta que catástrofes como el COVID-19 o el Cambio climático nos urgen a dar soluciones globales, con una gobernanza global, a problemas que no podemos solucionar de otra individualmente. El multilateralismo se impone para sustituir la solución imperial. La celebración del 75 aniversario de la creación de la ONU ya había generado la necesidad de proponer cambios que le darían mayor peso en la Gobernanza Global. La tragedia del COVID-19, si bien ha dificultado las reuniones presenciales y ha suspendido muchos eventos, es una señal inequívoca de urgencia, que acelerará la toma de decisiones.

Si una de las grandes tendencias que hemos visto en la ONU durante estos 75 años es un afianzamiento del MULTILATERALISMO en detrimento del IMPERIALISMO, la otra gran tendencia se puede llamar integración de la SOCIEDAD CIVIL, en la toma de decisiones. La ONU es, desde su fundación, una organización de estados soberanos, pero en las últimas décadas, la importancia de la Sociedad civil, se ha incrementado muy significativamente. Universidades, expertos científicos, ONG, empresas, donantes individuales, religiones, forman parte ya, de una manera ineludible, del estudio de los temas y de la implementación de las decisiones de La ONU.

La Sociedad Civil ha presentado, con motivo de este 75 aniversario una propuesta de acción tituladas: “Declaración del pueblo UN75 y Plan para una acción global”. con un subtítulo: “La humanidad en un cruce de caminos: soluciones globales para desafíos globales”. Sobre la base de la “Carta de las Naciones Unidas”, los “Derechos Humanos” y la “Agenda 2030 de Objetivos de Desarrollo Sostenible”, los miembros de “Sociedad civil por la ONU que necesitamos” hacen propuestas a corto, medio y largo plazo. Claramente están en la línea del Multilateralismo Global. Os invito a leerlaLa operatividad de todas las instituciones ONU, pasa por una revisión de la representatividad de los países a través de áreas histórico-geográficas dl mundo; es especialmente necesario buscar formas para eliminar el VETO en el Consejo de Seguridad y hacer posible que los acuerdos de la Asamblea General no se tengan que tomas por unanimidad, sino por mayoría. Os invito a leer la propuesta. Creo que, en esta transformación de la ONU, vista la posición de EEUU y China, la Unión Europea tendría que asumir un papel especialmente relevante, como catalizador del cambio; quizá coordinada en el seno del grupo de los G-20 (Alemania, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, EEUU, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica, Turquía, Unión Europea y España como invitado). 

En medio de un mundo convulso, lleno de gozos y esperanzas, tristezas y angustias, se hacen presentes los signos de los tiempos. Dios, el Espíritu de Dios, no abandona a su humanidad querida; quiere ser alegría y esperanza para el mundo. Busquemos, como cristianos católicos, la forma más adecuada para que este mundo, poco a poco, vaya acercándose a ser lo que Dios quiso que fuera desde el comienzo.

Miguel Ángel Velasco  cmf
Doctor en Pedagogía
Licenciado en Teología Sistemática
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