El mundo que nos viene ES


El mundo que nos viene

Acabo de leer otro artículo sobre África y el COVID-19, además de los comentarios correspondientes. Como siempre, hay opiniones para todo respecto a lo que sucederá en África. ¡Por fin aparece África en los diarios! Pero, personalmente, hubiese deseado que fuese por una razón positiva. La pandemia del Coronavirus COVID-19 ha llegado a África; por ahora, no con la virulencia que está atacando a Europa o con la que atacó, en sus inicios, a China. Cierto que los números de muertes y contagios son bajos y que la mayoría de los países africanos han decidido tomar medidas drásticas de las que, en su momento, tomaron China, Italia, España, Francia, Inglaterra o EEUU. La esperanza que nos queda es que el COVID-19 no ataque tanto en lugares con una población más joven (71% menos de 25 años) o más rural que la europea. África subsahariana tiene más de 900 millones de habitantes; 18 millones son refugiados. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, cuenta con 5.000 (43 países) camas UCI y 2.000 respiradores (41 países); baste el ejemplo de Sudán del Sur con 12 millones de habitantes, 21 camas UCI y 4 respiradores. A día de hoy (24 de abril, 2020), más de mil personas han muerto de coronavirus en África y unas veinte mil han sido infectadas en 52 de 54 países; siempre según las informaciones de los gobiernos, más que dudosas en la mayoría de los casos. Para la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África se corre el riesgo de que entre 300.000 y 3,3 millones de personas mueran a causa de la enfermedad si no se adoptan las medidas oportunas.

¿Cuáles son y van a ser las consecuencias económicas y sociales? Es difícil dar estadísticas muy fiables sobre África, pero podríamos decir que más del 60% de la economía es informal; es decir se lleva a cabo a través de pequeñas ventas y pequeños puestos casi de carácter familiar. La reclusión a la que se ha obligado a la población, si bien no ha suprimido este comercio por imposibilidad vital, sí que lo ha reducido. La pregunta es ¿de qué viven, o van a vivir, las personas de esta economía informal durante el tiempo de la reclusión?; algunos se preguntarán si es posible en una mayoría de lugares de África esta reclusión. Por otra parte, el comerció entre los países de África se ha reducido drásticamente, al igual que el flujo de migrantes que envía regularmente parte de los salarios a sus países de origen. Nuevamente, la pregunta se centra en la subsistencia de los migrantes y sus familias, en esta situación. 

El mayor socio comercial de África es, sin duda, China: el “Reino del Centro”. De África extrae gran parte de las materias primas para sus fábricas. Los planes confesados por Xi Jinping, Primer ministro chino, de convertir al país en la primera potencia del mundo en 2050, pasa por construir un sistema de comunicaciones, terrestre y marítimo, alrededor del mundo (Nueva “Ruta de la seda”); sobre todo ha construido puertos y aeropuertos. La construcción de inmensas infraestructuras, sobredimensionaaos para las necesidades actuales del país, centró gran parte de sus inversiones en África. Los países africanos han recibido créditos por una cantidad imposible de calcular, entre otras cosas por la opacidad china, para la construcción de estas infraestructuras que servirán a los intereses comerciales chinos. Presento simplemente un indicio. El día 15 de abril, el G20, aprobó una declaración sobre ayudas millonarias y retraso o condonación de deuda a países de África y América; China puso grandes dificultades para ello. No podemos esperar otra cosa cuando la economía china ha descendido un 6,8% en el primer trimestre de 2020; tengamos en cuenta que necesitada un crecimiento anual muy significativo (5%-6% como mínimo) para mantener su cohesión interna. Podríamos referirnos también a la caída del turismo. Los países africanos, los africanos, lo van a pasar muy mal. Quizá, esperemos que sea así, morirán menos que en Europa o EEUU por el COVID-19, pero las consecuencias serán tremendas.

Latinoamérica y Caribe, está sintiendo también con fuerza la presencia del COVID-19. Afortunadamente hay países que han aprendido de los aciertos y errores de otros y han tomado medidas drásticas, otros no han aprendido; el populismo de cualquier signo es mucho más que dañino en estos casos. Las cifras hasta el día 23 por la noche son preocupantes: 121.544 contagiados de COVID-19; en las últimas 48 horas, más de 20 mil; más de 6000 muertos en los dos últimos días. Para las Naciones Unidas se acerca la mayor crisis económica de la historia para la región. Con los precios de las materias primas en mínimos históricos; las remesas de los migrantes reducidas muy significativamente y el turismo paralizado. Tras unos años de crecimiento muy débil en la zona, el panorama se presenta desolador.

Os pido que escuchéis el clarificador y tremendo panorama para América, que nos presenta el informe de las Naciones Unidas. El Producto Interior Bruto de Iberoamérica se calcula que caiga un 5,3% en su conjunto, siendo Venezuela con una caída del 18% la más perjudicada, y República Dominicana con un 0% la menos dañada. ¿Qué pasará con Haití y Venezuela? El desempleo en América Latina – Caribe, aumentará del 8,1% al 11,5%, haciendo pasar los desempleados de 26 a 38 millones. Sin contar los millones de trabajadores en economía informal, que se cuentan como empleados. Nos encontraremos con 30 millones de pobres.

Hacia el futuro, no cabe dudad de que las cadenas globales de producción de bienes y servicios han de ser modificadas; en la actualidad están interrumpidas por el cierre de fronteras o la suspensión de producción en países clave. Para que esto sea posible, una de las soluciones es que las cadenas de producción sean más cortas; dicho de otro modo: hay que tender a producir los bienes y servicios en la misma zona del mundo. ¿Cuáles son las zonas económicas que aparecen como más probables para el futuro?: EEUU, Asia Este y Europa. ¿Dónde situamos a África y a Latinoamérica-Caribe? El único futuro posible, si se quiere no caer en la irrelevancia, es dar un paso adelante significativo en la integración entre los países de África y la correspondiente entre los países de América. Es mucho más posible y viable la integración americana, aunque las dos sean deseables. Después de la crisis del COVID-19, será mayor la supervisión e intervención los estados y las organizaciones supranacionales, en la economía y el sistema financiero. ¿Cuál será el diseño del mundo en el futuro? Habrá que esperar un poco, pero sólo a que termine la crisis sanitaria.

Desde Naciones Unidas TODOS, están insistiendo en que es más urgente que nunca la implementación de la Agenda 2030 de Objetivos de Desarrollo Sostenible. No es este el último “contratiempo” con el que se va a encontrar esta humanidad GLOBALIZADA PARA SIEMPRE. La tentación es mirar solo a lo inmediato, el COVID y su crisis, pero es necesario tener una mirada a más amplia. Esperemos que la generosidad no se quede dentro de cada zona económica. El ODS 17 contiene las metas correspondientes para potenciar las alianzas y, en concreto, la Alianza mundial para el Desarrollo sostenible, será el tema de la próxima entrada del blog.

Como Iglesia y como Congregación de Misioneros Claretianos, hemos de revisar nuestras prioridades. En concreto, el funcionamiento del área Solidaridad y Misión (Procura Misionera, JPIC, PROCLADES), en todos y cada uno de los países, va a ser más importante que nunca. Igual que al resto de los países del mundo, la Agenda 2030 nos ayudará a encontrar el camino correcto. 

Miguel Ángel Velasco cmf

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