De lunas, bosques, montañas y dedos ES

Valle de Pineta. Pirineo. España

De lunas, bosques, montañas y dedos

Cuando llegas por primera vez al Pirineo (la cordillera que une-separa España y Francia) lo haces a través de un valle. El valle puede ser más o menos largo; pongámosle 15 kilómetros. A lo largo del trayecto se suceden los bosques de hayas, cedros y pinos silvestres, a ambos lados de río de montaña. Llegas al fondo del valle y encuentras una muralla aparentemente infranqueable hecha de pura roca. Desde allí continúa un camino que, tras salvar un desnivel de más de mil metros, te asoma a un collado o te invita a ascender a un pico. Desde la cima del Monte Perdido, del Posets o del Aneto puedes contemplar la inmensidad que se extiende bajo tus pies. No hay un solo valle de 15 kilómetros; hay cientos de ellos. Entre todos y todos interconectados, forman el biotopos llamado Pirineos. Dicen que hay que tener cuidado de que los árboles, por muy grandes que sean, no han de impedirnos ver el bosque; confundir el árbol, por muy inmenso que sea, con el bosque nos hará equivocarnos al describir la realidad.

Estamos en medio de un valle inmenso, con unas paredes y un circo final para ascender de muchos miles de metros. Este valle, desgraciadamente nada comparable en belleza a los valles pirenaicos, se llama COVID-19. En estos últimos decenios hemos ido recorriendo unos cuantos valles con diferentes nombres: Agujero de ozono en los polos, emisiones de CO2, ciclones -cada uno con su nombre-, hambrunas inmensas, sequías interminables, guerras, masacres, epidemia VIH; podríamos añadir muchos más nombres, ¿no os parece? Podemos considerar, cada uno de estos valles a escalar, como separado de los otros, pero no es así. Todos forman parte de un mismo entretejido en el que vive nuestra humanidad.

Desde la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro (1992) se han abordado muchos problemas urgentes para la humanidad. Podemos traer aquí los enunciados de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que quisieron poner juntos, en un solo documento, los problemas tratados en las cumbres y reuniones tenidas bajo los auspicios de las Naciones Unidas. Estos son lo ODM2000: 1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre; 2. Lograr la enseñanza primaria universal; 3. Promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer; 3. Reducir la mortalidad infantil; 4. Mejorar la salud materna; 5. Combatir VIH/SIDA, paludismo y otras enfermedades; 6. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente; 7. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Los ODM 2000 hicieron una importante labor: poner jutas las conclusiones de los más importantes foros de Naciones Unidas; pero faltaba algo más. Se consiguió mucho de lo que los ODM pretendían, pero se quedaron cortos en planteamientos al pensar que el cambio consistía en hacer vivir al “Sur” lo que se vivía en el “Norte”. La terrible crisis económica de 2008 dejó claro que el Occidente, o el Norte rico, tenía que plantearse también un cambio: todo el mundo, toda la humanidad, tenía que replantearse las cosas. Tras el título “El futuro que queremos”, que la conferencia Río+20 (2012) dio a su documento conclusivo, latía el deseo de ir mucho más allá. La Agenda de Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 representa un gran cambio de planteamiento. Toma dos ideas como ejes: transformar nuestro mundo y no dejar a nadie atrás. Algo importante ha sucedido en el mundo desde Río 1992. La ONU ha puesto en el centro de sus agendas de objetivos de desarrollo a cada ser humano: “NO DEJAR A NADIE ATRÁS”. Pero para hacer esto posible no podemos quedarnos sólo con un valle o con un grupo de árboles: hemos de asumir el bosque entero. No podemos subir las paredes de unos cuantos valles y pensar que todo está hecho, hemos de pensar en la cordillera entera.

Estamos ascendiendo las inmensas paredes de un valle llamado Coronavirus COVID-19; no es el primero que ascendemos, pero, éste, exige un esfuerzo especialmente grande. Podemos empeñarnos en llegar a la cima y pensar que todo está hecho, pero, dentro de poco, nos encontraremos con otro valle y otras paredes que subir. Es tiempo de mirar el conjunto; es tiempo de darnos cuenta de que somos una humanidad que necesita cambiar de estrategia. Hemos de poner decididamente los Derechos Humanos en el centro y éstos, concretados en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y sus 169 metas. ¿Un bosque? ¿Una cordillera? Es simplemente un plan de futuro para nuestra maltrecha humanidad TODA. Afortunadamente, durante esta crisis, hemos comprobado que hay muchas personas dispuestas a dar su vida para que esto sea distinto.

En una noche, con el cielo tachonado de estrellas y una gran Luna llena, un maestro y un discípulo estaban dialogando. El maestro, levantando la mano, invitó al discípulo a mirar el espectáculo grandioso y clarificador de la Luna. “Mira” le dijo, apuntando a la Luna con su dedo índice. El discípulo no comprendió que el maestro no quería que se fijase en el dedo de su mano indicando la luna, sino en la imponente luna de aquella noche. Mucho le quedaba por aprender al discípulo. Durante esta pandemia del COVID-19, no nos quedemos mirando el dedo; tengamos la sabiduría de alzar la vista hacia el futuro y contemplar la Luna. No pensemos que, por subir la pared de un valle, todo lo hemos hecho. No pensemos que, por conocer bien el inmenso árbol del COVID-19 nos podemos quedar tranquilos. Miremos hacia la Luna, miremos hacia la Agenda 2030, realizada entre todos.


Miguel Ángel Velasco cmf


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